martes, 5 de mayo de 2009

Rabbi Shalom Arush - "Paz en el hogar" - el Examen Principal



- El examen principal de la fe del hombre es en su propia casa, con su esposa e hijos.

Hay veces en que el hombre sufre desprecios de parte de sus familiares, a veces no le obedecen, a veces algún familiar tiene problemas de salud o de educación, a veces hay dificultades de sustento… La única forma de sobreponerse a los problemas, es por medio de la fe.

Es debido saber que la relación matrimonial, con todas las dificultades que la acompañan, obliga al hombre a vivir con mucha más fe, que en las relaciones de fuera del hogar y sus dificultades, pues el matrimonio es una relación obligatoria y no existe ninguna manera de desligarse de ella.

Por eso, la esencia de la rectificación del hombre empieza sólo cuando contrae matrimonio. Pues durante todo el tiempo que el hombre no está casado, se puede arreglar sin que necesite verdaderamente trabajar profundamente sobre su fe.

Pero cuando se casa, recibe la verdadera medida de su nivel de fe, lo que lo obliga a empezar a trabajar en ella.

Por ejemplo, un hombre soltero que no se entiende con una determinada persona, puede simplemente alejarse o ignorarla, ¿acaso alguien lo obliga a tener una relación con ella? de por sí, él no tiene ningún trabajo sobre su fe y ninguna medida para saber su grado de fe.

Pero el hombre casado no puede abandonar su casa ni escapar de las pruebas que le llegan de sus familiares. Él debe quedarse donde está, sobreponerse a esas pruebas y a pesar suyo ve el grado exacto de su fe y debe trabajar en ella.

Si un hombre soltero es agraviado, puede devolver el agravio en forma violenta sin que esto aflija a su vida privada. E incluso si no es un tipo de persona que devuelve y contesta a los que lo ofenden, es sólo porque le es cómodo presentarse a los que lo rodean como una persona de buen carácter. Pero el hombre casado cuya esposa lo desdeña, o uno de sus hijos no lo obedece, responde exactamente según los rasgos de su carácter.

Si es una persona irascible, no puede esconder su ira, y por supuesto que cada reacción en su casa que no responde a su deseo, recibe su enojo. Entonces este hombre entiende que sin un verdadero trabajo sobre su fe, nunca tendrá paz en su hogar.

El hombre soltero no necesita estar en la constante situación de dar a otro, de entenderlo, de escucharlo, mientras que el hombre casado siempre debe dar, influir, escuchar y entender. Y para hacer todo esto, debe tener su espíritu calmo y entero, lo cual es imposible sin la fe.

El hombre soltero puede presentarse como un ser alegre y sociable, pero cuando está casado se revela su verdadera alegría cuando necesita alegrar a su familia y a hacerle la vida placentera... Y por supuesto, es imposible ser una persona verdaderamente alegre sin fe.

En general, las relaciones del hombre con la sociedad que lo rodea están fundadas en el principio de "toma y da", en actos y disfraces cuyo fin es recibir honores, aprecio, posición, sustento, etc. Pero en su propia casa, el hombre se saca todas sus máscaras y se conduce precisamente como es.

Si no posee fe, esto resaltará mucho en su conducta, dejará una marca en su felicidad doméstica, y lo obligará a empezar a trabajar sobre la fe.

* La paz en el hogar depende del nivel de la fe

Esta es la regla - toda la paz doméstica del hombre depende de su fe, y por lo tanto, sólo cuando contrae matrimonio, puede verdaderamente empezar a trabajar sobre su fe con profundidad.

Por eso, la pareja debe aprender a ver todo lo que sucede en su hogar con fe, saber que en cualquier cuestión problemática que se le presenta - con los hijos o parientes, o con el sustento, está en una prueba de fe, y debe conducirse según las tres reglas de la misma.

Debe entender muy bien que existe sólo uno y único consejo para cada problema de su vida que es: ir sólo por el camino de la fe con sumisión, arrepentimiento y mucha plegaria.

* "Contento con lo suyo"

Se cuenta de un hombre que llegó hasta un gran sabio y le dijo:

"No me gusta mi esposa, no es bella". Le preguntó el sabio: "¿Cuál es su nombre?" "Ana", le contestó. Dijo el sabio: "¡Que se embellezca Ana!", y así fue que Ana embelleció. Después de un tiempo, volvió otra vez el hombre al sabio y reclamó de nuevo que no estaba satisfecho de su esposa. Le contó que desde que su esposa embelleció, comenzó a enorgullecerse frente él. Dijo el sabio: "¡Que vuelva Ana a su fealdad!", y así fue...


¿Qué podemos aprender de esta historia? ¿Qué nos enseña que el hombre quiso de vuelta la fealdad de su esposa? La enseñanza es que el Creador sabe perfectamente lo que es bueno para cada uno, y que debemos creer que todo lo que Él hace es para nuestro bien; esto se llama tener fe en la Supervisión Individual de Di-s.

Todo el que logra esta creencia, está siempre contento con lo que tiene, pues sabe que todas sus privaciones están bajo Su Supervisión y son para su eterno bien, precisamente según la corrección del alma que debe hacer y según la meta para la cual llegó a este mundo.

De por sí, está bien entendido que el marido y la esposa que poseen fe están contentos con lo suyo - es decir, el esposo esta contentó con su mujer y la esposa esta contenta con su marido, con todos sus defectos. Ellos saben muy bien que el Creador los supervisa, y les dio a cada uno la mejor pareja posible según la corrección que deben efectuar - es decir, que solamente mediante los defectos de cada uno de ellos, podrán cumplir su misión de vida.

"Contrariamente, cuando le falta al hombre fe, entonces tiene muchas quejas."

La mujer culpa a su esposo de todas sus aflicciones y el hombre esta lleno de reclamaciones y críticas a su esposa, y piensa que ella es la causa de todos sus sufrimientos. Por supuesto que sus vidas y las vidas de sus hijos no son vida, y las calificaciones que reciben en los exámenes de fe son las más bajas posibles.

Encontramos, que la paz que tiene el hombre en su hogar y que de ella depende su sustento, la educación de sus hijos, su alegría, bienestar, espiritualidad, todo depende de la fe.

Continuará…

(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush)