domingo, 10 de octubre de 2010

El Kotel


“El Sagrado Templo será destruido, y los judíos saldrán al exilio. Pero el Muro Occidental del Sagrado Templo nunca será destruido”…


Jabad.org.ar - “Será la señal de que la Presencia Divina reside allí”

Los iehudim no olvidaron el Beit Hamikdash.

Cada año, el 9 de Menajem Av, el día en que el Primer y Segundo Templo de Jerusalem fueron destruidos, los judíos se reunían allí.

Los romanos no toleraban ver cómo los hebreos se aferraban al Muro y planearon remediar la situación.

Instigaron a todos los gentiles que vivían en Jerusalem a arrojar la basura diariamente en el Muro. Lentamente el montículo de basura creció y el Muro quedó cubierto en su totalidad por los desperdicios.

Pasaron muchos años.

Un judío renombrado visitó Israel y vino a Jerusalem.

Caminó por las calles, buscando el Kotel, sin poder hallarlo. Preguntó a los transeúntes y todos se encogían de hombros; nunca habían visto el Muro.

El hombre no se dio por vencido.

Día y noche continuaba con su búsqueda. Cierta vez notó la presencia de una mujer muy anciana que acarreaba un pesado paquete de basura.

El judío preguntó: “¿Qué es lo que traes?”.

La mujer respondió: “Traigo mi basura para arrojarla sobre la colina”

El hombre volvió a insistir: “¿No tienes un lugar más cercano a tu hogar para llevarla?”

“Es una antigua costumbre la de arrojar la basura aquí.

En otra época aquí se erigía un magnífico muro de piedra. Los judíos lo consideraban santo. Los conquistadores romanos ordenaron a los habitantes gentiles a cubrirlo con desperdicios”. Arrojó su bolsa allí y se retiró.

El iehudí lloró y dijo:

“No me moveré de aquí hasta que logre remover la basura y dejar a la vista el Kotel Hammaraví”

Salió a las calles de Jerusalem y susurró entre los que allí pasaban: “Dicen que hay un tesoro escondido debajo de la colina de basura” Él mismo tomó una pala y comenzó a cavar.

A los pocos minutos una multitud lo rodeaba, imitándolo.

La ciudad entera hablaba del tesoro enterrado.

Todos llegaban con palas y removían la basura. Ya se veían las piedras del Muro. Cuando cayó el sol la gente se retiró.

El judío escondió algunas monedas de oro en la colina.

A la mañana temprano uno de los excavadores halló una moneda y luego otro.

Estaban seguros de que el tesoro estaba bien abajo. Cada día agregaba más monedas hasta gastar toda su fortuna en su misión.


Luego de 40 días de trabajo, todo el Muro quedó a la vista.

En el mismo lugar de donde Di-s tomó la tierra para crear a Adam con Sus manos, donde Abraham trajo a Itzjak para sacrificarlo, donde estuvieron el Primer y Segundo Templo, allí mismo será reconstruido el Tercer Beit Hamikdash, con la pronta llegada del Mashiaj.